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Donde nace Trasto

Una amistad, un artista, y una pequeña silla que lo cambió todo.

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Dos niñas y el Mediterráneo

Blanca y Ana

Hace más de 20 años, dos niñas que vivían junto al Mediterráneo pasaban las tardes dando vueltas en bici con la música de las olas como banda sonora. (No os vamos a engañar: también sonaba en nuestro Nokia 350 aquella canción de “Vamos juntos hasta Italia” a todo volumen, porque incluso entonces ya sentíamos cierta nostalgia por la época de nuestros padres y por clásicos como Hombres G).

 
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Un monitor, un velero y muchos “trastos”

Así conocimos a Diego

Nuestros padres tuvieron la maravillosa idea de apuntarnos a clases de vela en el Club Náutico de Oliva. Allí conocimos a Diego, nuestro monitor. Y tampoco os vamos a mentir: fueron más los días que acabábamos castigadas por ser unos buenos “trastos” que aquellos en los que conseguíamos ganar con una maniobra estratégica que no implicara hundir el barco y jugar a Piratas del Caribe.

 
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Una idea que cambió todo

Primer +1

La vida siguió. Esas niñas crecieron.

Y cuando nació Alejandra, la primera “+1” del grupo, quisimos hacerle un regalo muy especial. Siempre hemos sentido una profunda conexión con lo clásico, lo bueno de toda la vida, aquello que nos recuerda quiénes somos y de dónde venimos. 

Entonces recordamos a Diego y surgió la idea: encargarle una sillita personalizada y pintada a mano. Con Diego todo fue fácil. Nos conoce bien, así que le dimos total libertad creativa.

Sin darnos cuenta, nació la primera pieza.

Y también la semilla de Trasto.

 
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Para quedarse

Nace Trasto

Cuando vimos el resultado entendimos que aquello podía ir mucho más allá de un regalo. Descubrimos que apenas existían muebles infantiles personalizados, pintados a mano, con ese nivel de detalle y carga emocional.

Cada pieza podía ser única.

Cada creación podía contar una historia.

Cada mueble podía formar parte real de la vida de una familia.

En un mundo donde todo es rápido y efímero, Trasto apuesta por lo que permanece.

Creamos muebles que acompañan la infancia y que pueden transmitirse de generación en generación. ¿Te imaginas heredar la sillita de tu abuela? ¿O guardar una pieza que crezca en valor emocional con el paso del tiempo?

Trasto no es solo decoración infantil.

Es artesanía.

Es memoria.

Es vínculo.

Es lo hecho a mano, lo auténtico y lo que perdura.

 

¡Descubre cómo nace una pieza Trasto!

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Artesanía real

Cada pieza se pinta a mano en España por artistas que trabajan con calma y precisión.
No hay dos exactamente iguales.

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Diseños que cuentan historias

Cada silla nace de un pequeño universo creativo: el mar, el circo, el jardín, los dinosaurios o el espacio.
Pequeños mundos que acompañan la imaginación de los niños.

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Piezas para toda la vida

Creemos en objetos que se quedan en la familia.
Muebles que pasan de generación en generación y guardan recuerdos con el paso del tiempo.